by Polina Stroganova

1.
“Aquí Allá Ahí” (engl. here, there, yonder) suggests places that feel as tangible and close as they are abstract and far. Demonstrative indications such as here and there can only be comprehended when they are expressed by ourselves or a person who we have in plain sight indicating directions. They only exist in relation to an observer in a reference frame. This is what makes these linguistic structures so intriguing and complex, as they are entirely referential and can mean an infinity of things depending on who is talking and where that particular person is in that very moment. They are vessels that can be filled with one meaning at a time, but whose meaning can change entirely the next second as we move.

As we know from Special Relativity in Physics, an event is an occurrence that can only be assigned a single unique time and location in space, relative to a reference frame. Since there is no absolute reference frame, a concept of moving doesn’t strictly exist, as everything is always moving with respect to some other observer.

It is curious that the Spanish language offers us almost twice as many options and nuances of such demonstrative spatial indications than for instance English. The distinction between here and there which seems very determined – one can almost feel the abyss between those two – gets some gradients within the Spanish; the distance appears softer and the difference between me, here and the other, there less : it’s almost political.
“Aquí Allá Ahí” in fact makes me think about space and me inhabiting and moving through it. It makes me think about proximity and distance and my understanding of it, which cannot be merely geographical or geometrical. How can we think about distance without considering temporality, ideology and psychology?
We always talk about the “felt” distance. Heidegger comes to mind: “All distances in time and space are shrinking. […] Yet the frantic abolition of all distances brings no nearness; for nearness does not consist in shortness of distance. What is least remote from us in point of distance, by virtue of its picture on film or its sound on radio, can remain far from us. What is incalculably far from us in point of distance can be near to us. […] Everything gets lumped together into uniform distanceless. […] What is it that unsettles and thus terrifies? It shows itself and hides itself in the way in which everything presences, namely, in the fact that despite all conquest of distances the nearness of things remains absent.” (1)

I feel that it is exactly that omnipresent and unforgiving distanceless and the total absence of empathic nearness that defines our current condition. “Aquí Allá Ahí” plants this quick thought into my mind…

2.
The desert seems to be a place where notions of time and space become obsolete. The borders between past, present and future blur and distance is no more. It is a no-place that terrifies us and provides relief at ones. In a desert here and there don’t shift meaning, they collide and suspend themselves in equalness.
The desert as metaphor allows for beautiful readings and images: the post-apocalyptic landscape, the utopic mirage, the timeless resort for reflection, the ultimate manifestation of existentialism. Maybe, if we had the chance, we could measure our feelings in this time-suspended zone? Since nothing else seems to be measurable here….
There is a desperate need for emotional orientation: Confusion, Anxiety, Hope

3.
For some reason there is no sign of human in “Aquí Allá Ahí”, as if someone would point their finger outside the time spiral and say, “I come from there”. (2).

– Polina Stroganova, Mexico City 2018

(1) Martin Heiddeger, The thing, in “Poetry, Language, Thought”, Perennial Classics, 2001.
(2) Chris Marker, La Jetée, 1962

Images: June Joon Jaxx
Text via Proyectos Monclova


por Polina Stroganova

1.
“Aquí Allá Ahí” sugiere lugares que sentimos tan concretos y cercanos como abstractos y lejanos. Indicaciones demostrativas como Aquí o Allá solo pueden ser entendidas cuando son expresadas por nosotros mismos o por alguien que está dando direcciones directamente. Estas palabras solo adquieren sentido cuando están en relación con un observador dentro de un marco de referencia espacial. Es por lo anterior que estas estructuras lingüísticas son tan intrigantes y complejas, puesto que son enteramente referenciales y pueden significar una infinidad de cosas, dependiendo de quién habla y su posición espacial en ese determinado momento. Son vasijas que pueden ser llenadas con un significado a la vez, pero cuyo sentido puede cambiar enteramente al siguiente segundo, cuando ya nos hemos movido de lugar.

Como es bien sabido dentro de la Teoría de la Relatividad Especial de la Física, un evento sólo puede estar asignado a un único tiempo y ubicación en el espacio, relativo a un marco de referencia. Puesto que no hay un marco de referencia absoluto, un concepto de haberse movido no existe en estricto sentido, puesto que todo se está moviendo siempre, con respecto a algún observador externo.

Es curioso que la Lengua Española nos ofrezca por lo menos el doble de opciones y matices de este tipo de indicaciones demostrativas espaciales que por ejemplo, el idioma Inglés. La distinción entre aquí y allá, que parecieran bien definidas – podría casi sentirse el abismo entre uno y otro concepto – obtienen en español importantes matices; la distancia parece mucho más sutil y la diferencia entre el Yo aquí, y el Otro allá; menos concreta: es una diferencia casi política.
“Aquí Allá Ahí” de hecho me hace pensar en el espacio y mi ser habitándolo y moviéndose a través de él. Me hace reflexionar acerca de la distancia y la proximidad, y mi entendimiento de ello; el cual no puede ser sólo geográfico o geométrico. ¿Cómo se puede reflexionar acerca de la distancia sin considerar a la temporalidad, a la ideología o a la psicología? Hablamos siempre del “sentir” la distancia. Heidegger me viene al pensamiento: “Todas las distancias, en el tiempo y en el espacio, se encogen. […] Ahora bien, esta apresurada supresión de las distancias no trae ninguna cercanía; porque la cercanía no consiste en la pequeñez de la distancia. […] Lo que, desde el punto de vista del trecho que nos separa de ello, se encuentra a una distancia mínima de nosotros –por la imagen que nos proporciona el cine, por el sonido que nos transmite la radio – puede estar lejos de nosotros. […] Todo es arrastrado a la uniformidad de lo que carece de distancia. […] ¿Qué es eso terrible? Se muestra y se oculta en el modo como todo es presente, a saber, en el hecho de que, a pesar de haber superado todas las distancias, la cercanía de aquello que es sigue estando ausente” (1)

Siento que es esa precisa omnipresencia e imperdonable desalejación, y la total ausencia de cercanía empática la que define nuestra condición actual. “Aquí Allá Ahí”, siembra este fugaz pensamiento en mi cabeza…

2.
El desierto parece ser un lugar donde las nociones de tiempo y espacio se vuelven obsoletas. Las fronteras entre el pasado, presente y futuro se desdibujan y la distancia desaparece. Es un no-lugar que aterroriza y al mismo tiempo nos alivia. En el desierto el aquí y el allá no intercambian significados. Ambas nociones se suspenden una a la otra por igual. El desierto como una metáfora, permite hermosas lecturas e imágenes: el paisaje post-apocalíptico, el espejismo utópico, el descanso atemporal para la reflexión, la manifestación última del existencialismo. Tal vez, si tuviéramos la oportunidad, ¿podríamos medir nuestros sentimientos en esta zona de tiempo suspendido? Puesto que nada parece mesurable ahí…
Hay una necesidad desesperada de orientación emocional: Confusión, Ansiedad, Esperanza.

3.
Por alguna razón no hay huella humana en “Aquí Allá Ahí”, como si alguien señalara fuera de la espiral del tiempo y dijera “Vengo de allá”. (2).

– Polina Stroganova, Ciudad de México, 2018

(1) Martin Heiddeger, La Cosa, en Conferencias y Artículos, Traducción de Eustaquio Barjau, Ediciones del Serbal, 1964.
(2) Chris Marker, La Jetée, 1962

Imágenes: June Joon Jaxx
Texto via Proyectos Monclova